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Salvador Dalí: un loco genial

julio 16, 2010

Salvador Dalí

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Una tarde, Salvador Dalí y un grupo de amigos llegaron a un manicomio, en busca de algo extraordinario.

Buscaban a un loco genial, que con sus ideas revolucionara el arte, en el cual Dalí se había interesado.

Pasó por cada uno de los cuartos donde estaba los locos más geniales del manicomio,  “mmm poca cosa, algo común” decía mientras levantaba la vista y caminaba erguido con las manos hacia atrás.

En eso llegó al cuarto donde había un espejo y empezó a brincad, sus ojos parecía salirse de la cara y su bigote también, “!ese, ese, Ese es un loco genial”, no era más que la imagen de él en el espejo.

Dalí es uno de los genios del surrealismo del Siglo XIX, nació en una madrugada de la primavera de 1904 en el seno de una familia burguesa de España, hijo de un notario y de una dama aficionada a los pájaros.

Más tarde escribiría: “A los tres años quería ser cocinero. A los cinco quería ser Napoleón. Mi ambición no ha hecho más que crecer y ahora es la de llegar a ser Salvador Dalí y nada más. Por otra parte, esto es muy difícil, ya que, a medida que me acerco a Salvador Dalí, él se aleja de mí”.

Cuando era un niño, Dalí iba al cementerio a dejar flores a una tumba que tenía su nombre, eso debido a sus padres le dieron el mismo nombre que a otro hijo del matrimonio nacido diez años antes y que murió en 1901 con 7 años a cusa de una meningitis.

Este hecho le traumatizó en su biografía y en sus conversaciones habla siempre del otro-yo. Esto le crea una gran inestabilidad emocional.

Ya a los seis años había dado muestras de su talento excepcional al pintar un paisaje del tamaño de una tarjeta postal.

Se le permitió usar como estudio un viejo lavadero, donde, en días calurosos, se despojaba de sus ropas y se metía en un enorme piletón lleno de agua, en el que permanecía horas pintando. Así este lugar se transformó en el refugio donde podía satisfacer su profundo anhelo de soledad, en que daba rienda suelta a su fantasía jugando a ser genio. “Jugando a ser genio se llega a serlo”, decía.

De distintas maneras se lo ha tildado a Dalí, desde loco a egocéntrico, de desequilibrado a libidinoso. Hasta André Breton anagramó su nombre “Avida Dollars”, por su avidez de dinero. De ahí que Dalí repitiera una y otra vez: “La única diferencia entre un loco y yo, es que yo no estoy loco”.

Su egocentrismo fue uno de los pocos que el mundo aceptó sin cuestionar: “Cada mañana, cuando me levanto, experimento una exquisita alegría, la alegría de ser Salvador Dalí, y me pregunto entusiasmado ‘¿qué cosas maravillosas logrará hoy este Salvador Dalí?”

“Seré un genio, y el mundo me admirará. Quizá seré despreciado e incomprendido, pero seré un genio, un gran genio, porque estoy seguro de ello”.

Salvador Dalí
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One comment

  1. Bueno, a comparación de Nerón, el si hubiera podido decir: “Qué gran artista pierde el mundo”.

    Mi favorita siempre ha sido la persistencia de la memoria.



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